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Un Manifiesto Analquista: Tra(n)splantar. Poéticas Anales y Amor Vegetal

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Nota: Este proyecto de Johan Mijail, producido originalmente como un zine diseñado por waldo baez, fue publicado en inglés y español para X-TRA editorial, Volumen 24, Número 2. Nuestro sitio web tiene una presentación limitada; si desea una mejor experiencia del proyecto, solicite una copia impresa aquí. Y para la versión de el proyecto traducido al inglés, haga clic aquí.

El amor vegetal es experimentar una pérdida en el sentido de la sexualidad reproductiva, preferir dedicar tiempo a buscar información sobre cómo las plantas terrestres y marinas colaboran entre sí, y esto, con el fin de no pensar a su vez en la institución de la pareja, traicionando así el amor romántico aprendido en el seno de la familia heterosexual donde la mayoría crecimos, el seno donde también nos enseñaron a entender nuestro deseo como un desvío, como una vergüenza, un desacato patológico, una contra-naturaleza. El amor vegetal es pedirles a tus amigos que te dejen llorar. Sacarle un piso al edificio de la arquitectura moral de los estados nacionales, su idea de casa, patria, envejecimiento.

El amor vegetal como tecnología de hacerse, en tanto consideramos el residuo como un lugar de posibilidad. Una militancia transfeminista construida en las contradicciones fundamentadas en querer ser correspondido. Un lapsus amatorio porque es cyborg, un lapsus simbiótico porque es colaborativo, semiótico porque es una relación distinta con los signos y semántico porque son oraciones donde el sujeto aparece siempre en minúscula para que se parezca más al predicado, a la estatura que tenemos en el cuerpo, todo con la idea de generar alguna fuga, alguna modificación y/o interrupción en el flujo de la historia. Es entonces, el tartamudeo cuando hablamos de los actos de habla, cuando afirman un resultado científico. Es poner en tensión a quién te pregunta en una conversación de chat:

¿Quién eres?

¿De dónde eres?

¿Cuánto te mide el pene?

Amor vegetal es un gif donde los sustantivos PERVERTIDO AVERGONZADO LOCO, se escriben en alta escuchando un playlist de música triste, ojalá que mexicana, ojalá que latinoamericana.

Es la virilidad del clítoris de las mujeres africanas y escribo África para vengarme. Porque escribir y proyectar una relación con ese continente es una respuesta a lo que me negaron. Escribo África sintiendo la potencia del tambor, de las caderas. Sin nada, como buen africano voy experimentando pérdidas, sonriendo, también. Sin más que eso, invento mi propia imaginería, mi negricia dañada, travesti, corporal. Sin ajayu1 ayer, sin paciencia escribo llamp’uchuymani 2 mezclando todo, inventado una posibilidad. La conclusión es una imagen dipsómana, de mi proceso estético y artístico, de mi transidentidad.

El amor vegetal es un privilegio que permite darse cuenta de lo importante que son los artistas en un mundo hipermaterializado. Una cadena planetaria de formas y funciones dudosas. Hacer silencio, eso es el amor vegetal: el silencio de las plantas que tengo en esta casa pequeña. Masturbarse aquí es amor vegetal. Comer aquí es amor vegetal. Leer, escribir aquí es amor vegetal. Pensarte como si fueses un pedazo, una deformación, un pordiosero del Caribe, un sexo no humano, un puño en el culo, una delicia.

Lo que no sirve para nada es amor vegetal.

El amor vegetal es un plan diferente, una experimentación donde sabemos que lo único que tenemos son los afectos para con unx, para con los demás. Quererte en tanto no seamos jamás iguales es un amor vegetal. Amor vegetal es un pornoterrorismo.

SENTIR ES AMOR VEGETAL

SENTARSE ES AMOR VEGETAL

SALIR ES AMOR VEGETAL

SOÑAR ES AMOR VEGETAL

SALTAR ES AMOR VEGETAL

SOLLOZAR ES AMOR VEGETAL

También es desprenderse como forma de saber que todos los días amanece y que mañana es un buen momento para seguir bailando, aunque falten ganas. Llorar y bailar es la metodología fundamental de la desesperanza que propone el amor vegetal.

Es invertir tiempo en ocio, en saber que jamás nos comprenderemos. El amor vegetal son ensayos que tratan de explicar que no hay un origen fundante y que el cuerpo es un terreno donde el poder se unta, se huele, se mira. Es cuando añoraste que dijera: “haz las maletas que nos vamos,” para cambiarnos geográficamente en un proceso migratorio ilegal lleno de adrenalina, y nuevas experiencias. Un proceso migratorio que intenta enseñarle al país donde naciste que las fronteras, que lo higiénico, lo nacional no une, sino que separa.

Decirle adiós a la rigidez heterosocial es otra tecnología necesaria para la comprensión del amor vegetal, porque la rodilla es un dildo, la cabeza es un dildo, el pene, la vagina es un dildo donde se gestan y producen los fluidos donde caminaremos cayendo enfermos de sífilis. Sin embargo, felices y triste. La bipolaridad es un amor vegetal, junto con la negación de la disforia de género, del déficit atencional y con la promoción de los antes mencionados “diagnósticos” como formas también de producir vidas dignas y válidas. Una puesta de atención a una postura casi parasitaria que deviene casa, isla, universo.

Cada ano es creer que es posible terminar con el imperio dualista, y una propuesta vital del amor vegetal. Inventar una ética marica,3 negando la homosexualidad y la psiquiatría. Inventar una ética amistosa, que no le niegue a las biomujeres y a las trans una reivindicación histórica.

El amor vegetal se está creando.

El amor vegetal no aspira a resultados, sentir asco ante lo que connota decir inclusión, consenso, integración es amor vegetal.

El amor vegetal es una opción que tiene la posibilidad de invitar a imaginar, a caminar por las calles sabiendo que nuestro lugar esté por inventar, por venir, pero que mientras el tiempo sigue ocurriendo habitaremos un aquí intenso, confuso, itinerante, migratorio. Es un pajarito del amor. Un árbol del amor.

Abrir su corazón es el valor más importante del amor vegetal. Preguntarle a la ciencia y a la cultura por las mujeres es otra metodología fundamental de la desesperanza del amor vegetal. Por las mujeres lesbianas, por “las mordeduras y contaminaciones múltiples: de fluidos placenteros, del tacto secreto, de lecturas eclécticas, de obsesiones imaginadas, de imágenes pornográficas, de prácticas sexuales no reproductivas, de amores múltiples, de experiencias políticas como tortillera, de la memoria de la injuria, de sufrimientos propios y ajenos, de la sangre derramada, de las violencias indecibles, de derrames eróticos, de afectos deshechos, de momentos vulnerables.”4

El amor vegetal es una interpretación del presente, una reflexión pasional de transformación semiótica y semántica. Un lugar para escribir en difícil. Un programa nuevo de rechazo a la inclusión perversa a la sociedad del consumo. Es, más bien, un regalo de signos que no tienen que ver con la producción de dinero. Un fracaso. Una apertura anal disfrutando su fisura; un lugar de goce decolonial con mucho vino, miradas y caídas sobre una mesa, caídas en la vida, también. Llorar en una escalera por otro organismo que no sirve para nada. Llorar en una escalera.

El amor vegetal, no es un antagonismo: ni vegetarianismo, ni veganismo. Es apagar las luces para dormir en otros brazos. El transfeminismo es el amor vegetal.

El transfeminismo es el amor vegetal.

El amor vegetal es una operación crítica propositiva que pone el delirio en el centro de su política. Desplazando la manera clásica de la racionalidad moderna. La comprensión del amor vegetal está instalada en leer periódicamente sus puntos de vista, lo que propone, lo que deviene.

El amor vegetal se resiste a la identidad, aspira a una relación simbiótica donde el ritual se materialice tomando y bailando. Con un espacio donde el sujeto subalterno hable, donde la subjetividad trans hable de la contradicción de poner la vida y la muerte como premisa política. El amor vegetal te toma, te enseña, te afecta y te suelta. Te invita a la incertidumbre de una manada orgásmica, orgánica y estética. Se vuelve un libro, y una negación a los constantes acosos de esta cultura de la verificación: muestra un pene: hombre, muestra una vagina: mujer. Es entonces, una relación, nunca identidad.

El amor vegetal es una discontinuidad temporal. La discontinuidad de mi personalidad, de mi identidad inestable, de un proceso subjetivo y deseo cambiante. Es un feminismo no antagónico. Es un ano abriéndose ante la fuerza de los rayos del sol, a la fuerza y rabia de los truenos, los sonidos de todos los animales marinos y las plantas. Un tren moviéndose del centro de una ciudad hacia la periferia, hacia latinoamérica: eso es el amor vegetal. El desplazamiento que entiendo me constituye en una performance transfeminista que me demuestra, cada día, que no necesito poder, sino seguir potenciando este amor profundo hacia los demás, hacia el animalismo que esté por venir.

El amor vegetal es un proceso de mitosis que ocurre dentro de las células que me constituyen como organismo político. No hay absolutamente otro cuerpo que lo experimente de esta forma, porque es mí afuera, mi egocentrismo: que por suerte no es blanco, ni heterosexual, ni burgués: es trans. El amor vegetal puede vivir un proceso de extensión, si me da la gana. Es una especie de estructura que me permite una relación metafórica con la vida que estoy viviendo en este planeta, con mí devenir transidentitario. Es, justamente, lo que no se espera.

*

Escribí sobre el fin del amor vegetal. Pero mientras esperaré correos electrónicos con archivos que registraban diferentes acciones donde encontraría la potencialidad estética de este intenso proceso de reconciliación creativa conmigo. No se puede dejar pasar por alto este texto de Paul B. Preciado y cómo me hace sentido su proceso trans y lo que propone el amor vegetal. En este caso lo que tiene relación con su voz. Cuando trata de explicar que esa nueva voz, que ni siquiera sus padres llegan a reconocer a veces, no deberíamos entenderla como masculina por la suministración de testosterona, sino quizás como el sonido de las ballenas o un trueno.

Dice: “Si hubiéramos dedicado tanta investigación a comunicar con los árboles como hemos dedicado a la extracción y el uso del petróleo quizás podríamos iluminar una ciudad a través de la fotosíntesis, o podríamos sentir la sabia vegetal corriendo por nuestras venas, pero nuestra civilización occidental se ha especializado en el capital y la dominación, en la taxonomía y la identificación, no en la cooperación y la mutación. En otra episteme, mi nueva voz sería la voz de la ballena o el sonido del trueno, aquí es simplemente una voz masculina.”5

También pienso en este sueño que tuve anoche donde mi boca se desfiguraba, perdiendo mis dientes- que según una información que busqué en internet- refleja “miedos e inseguridades,” pero quizás sea mi propio proceso de transexualidad. Donde este cuerpo que me enseñaron como humano, al menos en la ficción de la escritura o en un sueño va perdiendo los privilegios que promueven el humanismo colonial y el antropocentrismo. En fin, el amor vegetal sin suministración de hormonas o intervenciones quirúrgicas, es al parecer un proceso de transexualidad poética, política y estética donde yo misma construyo mi ficción, mi camino hacia enfrentar los miedos y las inseguridades que esta cultura heterosexual te hace enfrentar cuando te experimentas desde la sexualidad anormativa.

El amor vegetal tuvo su fin hace justamente tres semanas, cuando el aura gris de aquel organismo que fue alguna vez motivador de todo esto se hizo presente. Esto fue, entonces, un proceso creativo intenso que concluye con la producción de imágenes y un registro textual transfeminista. El amor vegetal no se excluyé de esa tendencia inherente a toda vida orgánica en tanto siguió siendo una pulsión emocional y contradictoriamente racional que devino muerte. Si bien el amor vegetal es un posicionamiento posible para vivir una vida más vivible, un aquí para llevar dignamente una crisis, un dolor, tiene como toda metodología desesperanzadora un “hasta aquí.” En conclusión, fue un ciclo que terminá monumentalizado en un altar de flores blancas, flores amarillas, saliendo de un ano, de una copa de agua, en un altar donde descansan Shangó, Yemayá, Felipe Camiroaga, Santa Marta, La Mano Poderosa, El Químico, El Sepia, Antonio, Enrique, Mamá Tingó, Anaísa y Samuel.

Parece que esto es una falsa alarma endosimbiótica porque de no ser así, la asociación entre ese organismo de (ahora) aura -doliente, en malestar- y yo, debió de darse y habitar nuestros interiores hasta la eternidad.

Entonces,

¿No hubo jamás emancipación?

¿Esto ha sido una simple homosexualidad heterocentrada?

Johan Mijail, es escritor y performer. Catinga Ediciones leader. Estudió periodismo. En 2011, publica el libro de poesía ilustrada Metaficción y participa en la película Sister del Colectivo Lewis Forever en la ciudad de Berlin, Alemania. En 2014, publica Pordioseros del Caribe y en 2016, junto Jorge Díaz del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) Inflamadas de retórica. Escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad, ambos por Editorial Desbordes. Ha mostrado su trabajo performativo en Estados Unidos, Uruguay, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Alemania y Colombia, con un trabajo escritural y visual que invita a un imaginario transfeminista y decolonial. Se ha abjudicado la Beca Migrante (2015) del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile y la Beca Catalizadora de TEOR/éTica (2020) y en 2016 participa en el 10° Encuentro del Instituto Hemisférico de Performance y Política “ex−céntrico: disidencias, soberanías, performance (Universidad de Chile−Universidad de Nueva York). Ha sido parte de las antologías Vivir Allá editorial Ventana Abierta (Chile), Inflexión marica. Escrituras del descalabro gay en América latina (España), Afectos y disidencias sexuales jota-cola-mariconas en la Abya Yala (México) y Sin pasar por Go. Narrativa dominicana contemporánea, compilado por Rita Indiana (México). Recientemente participó en las muestras colectivas Todos los tonos de la rabia en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (España) y Colirio en el Centro Cultural de España de Santo Domingo. En 2018, publica por la editorial chilena Los Libros de la Mujer Rota Manifiesto Antirracista. Escrituras para una biograf a inmigrante, en 2020 la fanzine Santo Domingo Is Burning por Catinga Ediciones, y en 2021 su primera novela CHAPEO, por la editorial Mexicana Elefanta Editorial.

manuel arturo abreu es un artista no disciplinar del Bronx que vive y trabaja en tierras de Pueblos de Multnomah, Cowlitz, Chinook, Kalapuya, Klackamas, Confederación Grand Ronde, Confederación Siletz, y otros Primeros Pueblos del noroeste pacífico. abreu trabaja con lo cotidiano en un proceso de pensamiento mágico con atención a aspectos rituales de la estética. Recibió su licenciatura en la lingüística en Reed College. Desde 2015, ha co-facilitado home school, una escuela de arte gratuita con un plan de estudios de entretenimiento educativo multimedia no conforme al género. abreu también compone música de adoración bajo nombre de Tabor Dark. Proyectos recientes en AB Galleries, Portland State University; Yaby, Madrid; MoMA y MoMA PS1, New York; NCAD Gallery, Dublin; AA|LA Gallery, Los Angeles; Centre d’Art Contemporain, Geneva; Rhizome y New Museum; Palazzo San Giuseppe, Polignano a Mare, Italia; HALLE FÜR KUNST Steiermark, Graz, Austria; Kunstraum Nieder.sterreich, Vienna, Austria; Veronica, Seattle; y Bienal de Atenas 7. Ha publicado dos libros de poesía, List of Consonants y transtrender, y un libro de escritura crítica, Incalculable Loss (Institute for New Connotative Action Press, 2018).

Eugenia Vargas-Pereira, una artista multidisciplinaria nacida en Chillán, Chile, vive entre Santiago de Chile y Tucson, Arizona. Tiene una amplia trayectoria internacional en el performance, la instalación, el video y la fotografía. Su enfoque está basado en los temas de género y el entorno natural. La obra de Vargas-Pereira ha sido expuesta en diversos ámbitos culturales, como Wallach Art Gallery, Columbia University, New York (2021); Bienal 12 del Mercosul, Porto Alegre, Brasil (2020); Hammer Museum, Los Angeles (2017); la Bienal de Arte Contemporáneo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia (2016); la Bienal de Casablanca, Morocco; el Museo de Arte Contemporáneo, Bogotá, Colombia (2014); la Bienal de Venecia (1992); la Bienal de Fotografía, Rotterdam, Holanda; y el Centro Cultural Arte Contemporáneo, de Ciudad de México. También ha participado en la Bienal de la Habana, Cuba; Pérez Art Museum Miami; Museo Nacional de Bellas Artes, Caracas, Venezuela; el Centre Pompidou, Paris; el Zendai, MoMA, Shanghai, China; el Museo de Arte Moderno, de México; así como en la Bienal de Fotografía de México. En el año 2003 representá a su país en la Bienal de Venecia, Italia.

Footnotes
  1. El ajayu es para ciertas culturas dentro del imaginario andino el espíritu, pero contrario al espíritu de la religiosidad occidental, este es, en cierta medida, el que da la claridad para decir que “no.” Me interesa en este sentido el gesto de la negación como un lugar de inscripción, que, si bien está ocurriendo en este tiempo y espacio, aprovecha el “no” de esa continuidad para negar en sí mismo ese tiempo y ese espacio donde ocurrimos, porque ahí todo es heterosexual y blanco. Regularmente se entiende como la fuerza que contiene a los sentimientos y la razón.
  2. Persona que tiene paciencia.
  3. Cuando hablo de una “ética marica” lo hago invitando a pensar la propuesta conceptual y queer de Paco Vidarte en su libro del mismo nombre que para él es más bien un panfleto radical, un fanzine libertario, porque pienso, dice, que es una pataleta, una rabieta, la necesidad de vomitar mierda ante la constatación de la ausencia de un proyecto ilusionante ajeno y propio. Si lo ha escrito, sigue diciendo, es tal vez para pedir auxilio. No tenemos nada que ofrecer, no tenemos nada que proponer, estamos vacíos. No vemos a nadie, a ningún grupo dentro del movimiento LGTBQI + capaz de «salvarnos», en quien podamos depositar alguna esperanza, en quien delegar la gestión e invención de un futuro para las maricas. Tampoco es que necesitemos redentores ni iluminados para llevar a cabo una tarea que sólo puede ser colectiva. Pero, es patente que la supuesta intelligentzia marica no tiene nada que enseñarnos, ni menos aún puede guiar a nadie.
  4. valeria flores, Tropismos de la disidencia (Santiago, Chile:Palinodia, 2017), 95.
  5. Paul Preciado, “Otra Voz,” El Estado Mental, October 29, 2015, https://elestadomental.com/especiales/cambiar-de-voz/otra-voz.

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